martes, 24 de noviembre de 2015

DE TIERRA ADENTRO: Vida subterránea de los tuco-tucos riojanos.


Estos roedores subterráneos son un excelente modelo animal para estudios cronobiológicos, comportamentales, ecológicos y de adaptación a ambientes extremos.

El tuco-tuco es un roedor subterráneo del género Ctenomys, con más de 60 especies exclusivas de Sudamérica. Al pasar la mayor parte de su vida bajo tierra, es más oído que visto: su nombre común es la onomatopeya de su característica vocalización “tuc-tuc-tuc”. A pesar de ser comunes en los ambientes donde viven, son casi desconocidos en cuanto a su taxonomía y biología, y son considerados plaga por los agricultores debido a su mala costumbre de roer mangueras y cables eléctricos.

Sin embargo, en el Centro Regional de Investigaciones Científicas y Transferencia Tecnológica (CRILAR, Provincia de La Rioja-UNLaR-SEGEMAR-UNCa) de Anillaco, La Rioja, el tuco-tuco es fuente de preciosa información científica y especie modelo para líneas de investigación que abarcan cronobiología, comportamiento, ecología y taxonomía. Más aún, el tuco-tuco ha promovido la colaboración y un constante intercambio de alumnos e investigadores con la Universidad de São Paulo, Brasil; la Universidad de Toronto, Canadá; la Universidad de Alaska, Estados Unidos; y la Universidad de la República del Uruguay.

¿Qué es lo que tiene en particular este pequeño animal para movilizar a tantos científicos? Por un lado, en los túneles subterráneos en que habita las variaciones día-noche de los parámetros ambientales son minimizadas y la exposición a la luz es esporádica. Por el otro, los túneles estrechos y oscuros representan un ambiente extremo por su baja presión de oxígeno, alta presión de dióxido de carbono, atmósfera saturada de humedad y medio esencialmente sólido. Estas particularidades ambientales implican adaptaciones específicas, comportamentales y fisiológicas para ajustarse a la vida subterránea, y esto es justamente lo que interesa a los científicos.

El laboratorio de Cronobiología del CRILAR que dirijo utiliza al tuco-tuco para sus investigaciones sobre relojes biológicos. Dormimos de noche y nos despertamos de día porque tenemos relojes que se sincronizan con la luz y la oscuridad. Estos relojes no son exclusivos de humanos; están presentes en el resto de los animales, así como en plantas, hongos e incluso bacterias. El interés por los ritmos biológicos ha aumentado en los últimos años, ya que alteraciones en el sistema circadiano (ocasionados por trabajo en turnos, vuelos transmeridionales o tercera edad) se relacionan con depresión, dificultades de aprendizaje y tendencia a ciertas enfermedades.

La ausencia de pistas temporales externas que experimentan los tuco-tucos dentro de sus túneles llevó a suponer la ausencia de una expresión rítmica en el patrón de actividad y sueño. Sin embargo, los resultados de nuestras investigaciones mostraron que, en el laboratorio, con ciclo claro–oscuro (correspondiente al día y a la noche) controlado, muestran un clarísimo patrón nocturno: duermen de día y son activos de noche. Pero a campo, los patrones rítmicos se invierten, revelando plasticidad en la definición del nicho temporal.

Otro enfoque son las adaptaciones a altitudes extremas. ¿Qué ocurre con los relojes biológicos de los tuco-tucos que viven en la Reserva Provincial Laguna Brava, a más de 4000 m.s.n.m.? En este ambiente inhóspito, deben tener adaptaciones rítmicas, metabólicas y termo-regulatorias específicas para mantener poblaciones viables. Una hipótesis que proponemos es que durante las noches, cuando las temperaturas descienden bajo 0 °C, la temperatura corporal también lo hace manteniéndose en un “modo económico” similar a una hibernación (torpor diario). Es una forma de ahorro de energía en un ambiente donde, además, el alimento es escaso.

El tuco-tuco también es un excelente modelo para investigaciones comportamentales relacionadas con sus vocalizaciones, ya que dentro de los túneles la comunicación adquiere características particulares. La línea de investigación de etología del CRILAR describe los parámetros acústicos del canto del tuco-tuco, y cómo varían de acuerdo a diferencias etarias, sexuales, sociales e interespecíficas. Por otra parte, las diferentes adaptaciones a la vida bajo tierra han resultado en una prolífica especiación de este género, y la línea de Mastozoología del CRILAR busca identificar las especies de tuco-tucos de La Rioja por medio de análisis morfológicos y genéticos.

Por último, las investigaciones del grupo de Micología del CRILAR han revelado que este animal tiene un papel esencial en la ecología de los ecosistemas desérticos del Monte. Los tuco-tucos comen las raíces de plantas nativas, la mayor parte de ellas colonizadas por hongos promotores de crecimiento de las plantas. Al depositar luego sus heces en los túneles, actúan como dispersores clave de estos hongos. Esto podría tener un importante rol en la dinámica de la estructura de las comunidades de plantas del desierto al facilitar el establecimiento de nuevas plántulas.

El tuco-tuco riojano, además de ser repositorio de misterios a ser develados por la comunidad científica, se ha constituido también en la estrella de las charlas de divulgación que realiza el CRILAR periódicamente para las escuelas de la región. El fin de estas charlas no sólo es informar a la comunidad qué es lo que hacen los científicos, sino también concientizar acerca de la importancia de la conservación de los ecosistemas nativos del Monte riojano. Y a juzgar por el entusiasmo que muestran todos los niños, el tuco-tuco es un animalito idóneo para lograr este objetivo!

* Verónica Sandra Valentinuzzi es investigadora independiente del CONICET en el área de Cronobiología del Centro Regional de Investigaciones Científicas y Transferencia Tecnológica de Anillaco. Obtuvo su maestría y doctorado en Ciencias Biológicas-Fisiología en la Universidade Estatal de Campinas-UNICAMP, Brasil con un Programa de Doctorado en el Center for Biological Timing, Northwestern University, Illinois, EEUU. Realizó su post-doctorado en el Instituto de Biociências, Universidade de São Paulo-USP y posteriormente trabajó como investigadora visitante en el Centro de Biociências, Universidade Federal de Rio Grande do Norte-UFRN, Natal, Brasil. Trabaja en el CRILAR desde 2007.

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