martes, 10 de noviembre de 2015

PROYECTO PANTANO : Al rescate de un raro ciervo anfibio que habita en el Delta. Argentina.



Alguna vez esta especie, perteneciente a una estirpe exclusiva que incluye sólo al barasingha de la India y Nepal, y al ciervo acuático chino, se distribuyó desde el sur de la Amazonia hasta los bañados costeros de la región pampeana. Pero según la última estimación, en 2000 quedaban en el Delta menos de 500 ejemplares.

Para alejar el fantasma de la desaparición de esta especie emblemática de los humedales, investigadores del Conicet y del Inta acaban de lanzar una iniciativa sin precedente, el Proyecto Pantano.

“Se trata del primer esfuerzo integral y multidisciplinario para conservar una población completa generando información que permita planificar el desarrollo sostenible del Bajo Delta, impulsar protocolos forestales más amigables con la conservación, definir corredores ecológicos, guiar actividades de restauración de la vegetación; en suma, diseñar una estrategia de conservación trabajando con productores y empresas forestales”, explica Javier Pereira, ecólogo, investigador del Conicet en el Museo de Ciencias Naturales Bernardino Rivadavia y director de este progama financiado por el Banco Mundial.

Aquí, en las 10.000 hectáreas cuadradas de la plantación de sauces y álamos de Arauco Argentina, y en los campos de una treintena de pequeños productores, siete equipos científicos (entre los que también se cuentan veterinarios de la Fundación Temaikén y de la Universidad de California) trabajan en campo simultáneamente para estudiar la densidad poblacional, la distribución genética, los hábitos nutricionales y otros aspectos desconocidos de la biología de estos ciervos considerados los más bellos de esta parte del mundo, a tal punto que de ellos escribió Marcos Sastre que parecen criaturas destinadas a “hermosear y dar vida a la soledad de las selvas”.

Pereira conduce una camioneta 4×4 y avanza lentamente por los caminos que atraviesan el pantano, literalmente abriéndose paso entre nubes de mosquitos y siguiendo las indicaciones de Roberto Landó, ingeniero agrónomo que tiene a su cargo la plantación de salicáceas.

Isleño de quinta generación y naturalista de corazón, Landó trabaja en la empresa desde hace 40 años. “Estoy desde la primera plantación -cuenta-. Lo que antes era pajonal ahora es forestación, pero lo bueno es que tratamos de preservar especies nativas. Al ciervo lo había visto cuando las crecientes lo empujaban a tierra firme, y desde que vine lo estoy observando. La creciente de 1983 los empujó a partes más altas, a los albardones y terraplenes, donde eran víctimas de la caza furtiva… En ese momento se notó un retroceso, pero ahora, a juzgar por los avistajes casuales, parece que se está recuperando.”

Los investigadores estiman que, gracias a que en la última década se creó un área natural protegida, se dictaron medidas de control de la caza y se avanzó en campañas de educación, los números del ciervo pueden haber crecido. “Ése es uno los objetivos de este trabajo -destaca Pereira-: tener una nueva estimación de densidad. Quinientos individuos no son suficientes para que una especie se perpetúe. De hecho, el libro rojo de los mamíferos de la Argentina catalogó la población del Delta como la única que está «en peligro», una categoría inmediatamente superior a «vulnerable».”

Este campo, que actualmente está protegido por un dique perimetral y por compuertas y bombas que permiten regular el ingreso y egreso del agua, es parte del vasto territorio formado con tierras aluvionales que provienen de los contrafuertes andinos, de Bolivia y el noroeste argentino, y alberga una lujuriosa biodiversidad animal y vegetal, con decenas de especies de pájaros que levantan vuelo al escuchar el leve ronroneo de la camioneta.

Pereira frena de golpe y el guardaparque Emiliano Villegas señala hacia las hileras de árboles al tiempo que exclama: “¡Allá!”. A unos ciento cincuenta metros, entre el agua quieta y cubierta de una gruesa capa de vegetación, alcanzamos a divisar un ejemplar juvenil que se aleja saltando con elegancia.

Según explica Roberto Cinti en Bichos argentinos (Colihue, 2013), estos animales que evolucionaron en el ambiente acuático del Delta durante miles de años pueden superar los cien kilos y los 1,20 metros de altura, y están dotados de largas pezuñas unidas por una membrana, lo que les otorga una superficie de sustentación a prueba de terrenos cenagosos. Las patas les permiten tanto vadear sin esfuerzo como nadar largas distancias, y en su mitad inferior están cubiertas de un pelaje negro que les sirve para rechazar a las palometas. Los machos despliegan “una cornamenta robusta y arborescente, que por lo general presenta entre ocho y diez puntas”.

Como se alimenta de brotes frescos y a veces rasca con los cuernos las cortezas de los árboles, la relación con los productores puede tensarse. Sin embargo, tanto los productores como los científicos, Villegas y el también guardaparque Mauro Zagel forman parte del Comité del Ciervo de los Pantanos, una agrupación que agrupa especialistas de distintas áreas congregados por el Organismo Provincial para el Desarrollo Sostenible de la Provincia de Buenos Aires. Interviene en los rescates de animales lesionados, víctimas del mascotismo o inundaciones. “Los casos que revisten mucha gravedad se trasladan a las instalaciones de Temaikén. Se los rehabilita, se los compensa y se vuelven a liberar -explica Pereira-. Pero antes de llevarlos al campo, la idea es dejarlos durante unos días en un corral de «presuelta» en su ambiente natural.”

Pereira, Natalia Fracassi, del INTA, y las becarias posdoctorales del Conicet Laura Wolfenson y Vanina Fernández están estudiando los hábitos y los servicios que presta al ecosistema este animal sorprendente y casi desconocido con tecnología de avanzada, como radiocollares satelitales, dardos anestésicos con sensores VHF, cámaras trampa con sensores de calor y de movimiento, sistemas de información geográfica, y laboratorios genéticos y de ecología nutricional de última generación.

“El ciervo de los pantanos es un ícono del Delta, es parte de la identidad isleña -dice Fracassi-. Trabajamos junto con los productores y las ONG para diseñar buenas prácticas forestales que permitan la conservación de la naturaleza, tratando de que el manejo no sea muy intensivo, que quede vegetación debajo del dosel, que no se arrojen agroquímicos… Durante muchos años la conservación se abocó a crear parques nacionales. Hoy nos dimos cuenta de que no es suficiente. La mayor superficie del país está cubierta por agricultura; necesitamos herramientas para proteger las especies precisamente donde no hay áreas protegidas.”

Al ver a los investigadores en pleno campo, una vecina de la zona se detiene a saludar y agradecer. “En mi familia siempre se tuvo un respeto absoluto por el ciervo, porque pensamos que es tal maravilla que sólo hay que mirarlo y sacarle fotos -dice Estela Guntine, directora del centro de formación profesional 402 Nuestra Señora de las Islas, que depende del obispado de Zárate-Campana y de la Dirección General de Escuelas de la provincia de Buenos Aires-. Nos parece fantástico lo que está haciendo el INTA. Y también la empresa, que lo protejan, porque a veces los que se dedican a los negocios no tienen en cuenta la naturaleza.”

Y concluye Pereira: “En el fondo, este proyecto tiende a que nos preguntemos en qué tipo de mundo queremos para vivir. ¿Uno que sea solamente asfalto o que tenga también estas maravillas? Al fin y al cabo, tener un ecosistema equilibrado también es mejor para la producción. Porque todas las especies dan servicios ambientales: purifican el agua, el aire, dan recursos para que las abejas generen miel… Todo eso se conserva si uno preserva el ambiente natural”.
Del editor: por qué es importante. Iniciativas como ésta demuestran que productores y ambientalistas pueden trabajar juntos en la protección de la naturaleza
Fuente: lanacion.com

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